miércoles, 22 de enero de 2014

Epidemia.

<< Día 22 desde el primer contagio. La epidemia aún no ha sido erradicada.
No sé siquiera si puedo guardar una mínima esperanza. >>

Percibo mi vulnerabilidad en cada poro de mi piel.
Intento mantener la calma,
no ceder a la demanda de huida desesperada de mi amígdala.
Lo realmente irritante es que acabaré siendo infectada,
tarde o temprano.
Está en cada gota de agua,
en cada humo,
en cada rayo que nos alcanza.
¿Cómo no contagiarse?

Vosotros, malditos parásitos.
En el aire os respiro como partículas fotoquímicas.
Sois el smog que los bronquios paraliza.
Aunque en el fondo sé que vosotros nunca lo visteis venir,
jamás os parasteis a pensar
en lo que esos actos podrían producir.
Ahora todos pagamos vuestra negligencia.
Qué hermoso.
Tanto como los cardenales que dejaría en vuestra cara mi mano.
Os tendrían que clasificar como material de biorriesgo… ha quedado claro
que no sois asimilables a urbanos.

Contaminación ambiental en proporciones exacerbadas.
Nitritos,
arsénico,
cianuros.
Cromo,
plomo,
mercurio.
Contaminantes químicos de festival intrínseco.
Son duros de soportar, sí.
Aunque no son nada en comparación con los antropogénicos.

Ojalá la sordera me acompañase, así vuestro ruido no me perturbaría.
Estrés, insomnio, disminución de la agudeza auditiva.
Decibelios de basura y crueldad… qué necesidad.

Y a pesar de todo sobrevivo…
No sé por cuanto tiempo, pero lo hago.
No hay veneno, sino dosis.

Parásitos acechando en callejones y esquinas.
No hay salida sin una quimioprofilaxis efectiva.

Nadar contracorriente: buscar una vacuna mientras los vectores crecen.
La dosis infectiva es mínima.
La virulencia, máxima…
Aunque los infectados técnicamente no mueren, no.
Quedan muertos en vida.

¿Por qué ha pasado todo esto?
Supongo que ha sido el desbordamiento
de este vaso llenado poco a poco.

Cual infección crónica,
ha alterado los mecanismos del ciclo celular,
descontrolando la proliferación.
Ha sido nuestro cáncer.
O quizá sólo ha sido el agregante de
todas las sustancias de desecho
que ya habitaban en nuestro torrente circulatorio.

Acabé con saturnismo tras recibir tanta bala de plomo en el pecho.
Escupisteis al hollín que provocó esta oncogénesis.

¿Y si ya lo estoy incubando?
Oh, entonces… bienvenida.
Bienvenida a la familia.
Sabemos que no quieres quedarte, pero no quedan más salidas.
Bienvenida al principio de tu fin.

<< Día 23 desde el primer contagio. Algo ha cambiado. 
Mirando al espejo ya no me veo a mí misma…
Supongo que este es el punto de ruptura. >>






viernes, 17 de enero de 2014

Noche cualquiera.

Sí, lo admito, no valgo para cumplir promesas. La incumplí de nuevo anoche. Lo recuerdo como si estuviésemos en ese preciso instante, cortesía de mi hipocampo, démosle gracias y después partámosle la cara. Tiene la condenada costumbre de recordar con todo lujo de detalles todo aquello que yo preferiría olvidar.
Pero así es como me sentía anoche.

No voy a cerrar la maldita ventana, aunque el hilo de aire helado que penetra por ella me está helando la sangre. Y es que no creo que haciéndolo el frío vaya a disminuir en mis arterias.
Cojo una hoja en blanco… en ella derramaré el veneno en forma de tinta.
Puede que al fin esta hoja sea la clave para mi libertad. Y si no, siempre queda el trinitrotolueno junto a mi silla. Quizá acabase antes volándolo todo por los aires. Quizá.
Los pensamientos me arrinconaron y tuve que escoger, mientras la sangre se tornaba negra al mezclarse con el veneno de tu sable, sí, ese sable que casi me ensarta en la pared.

Maldita sea, vuelvo a hacerlo. Vuelvo a derramarte en el papel, tristeza.
Había dicho que nunca más lo haría… Pero no debería decir cosas que no puedo cumplir.
No puedo hacerlo con estas marcas en mi cara… me recuerdan demasiado que tú dejaste las contusiones.
En mi memoria se mantienen los golpes recibidos. Un golpe psicológico puede doler más que muchos físicos.
Que le den a todo, el precio para ser feliz es demasiado alto. Yo me bajo de este loco carrusel. Seré un caso extraño, un bicho raro, porque nadie suele atreverse a hacerlo…
Pero no nos engañemos: soy un bicho raro desde hace tiempo.

Otra maldita noche cualquiera, con la misma historia de siempre.
Envenenemos a este triste cerebro.
Veneno para no pensar, veneno para olvidar.
Intoxicación para sobrevivir en una noche cualquiera.

Estas calles han sido la mejor escuela. El desconsuelo, uno de mis mejores maestros.
Me enseñaron que mirar al suelo solo haría que os aprovechaseis aún más de mí. Vuestra crueldad, vuestra mala fe, esas cosas que aunque duelan hay que aprender.
Sé que daría todo lo que tengo porque cambiase. Quiero que sea distinto. Pero la realidad es otra, y sé que las cosas no funcionan así… No creo que logre hacer nada. No obstante, siempre me quedará la rabia, nunca me quitarán las ganas.
Ojalá lo normal fuese lo que yo pienso y no lo que veo en vosotros, seres repugnantes.

Maldigo esa normalidad que implica no ver las heridas de los corazones a los que apaleas. Maldigo a toda la gente en la que la he visto y la veo cada día. Una de ellas eres tú, pero eso no te hace especial, solamente una furcia más.
Odio a la gente que es así…
Espero no convertirme en eso nunca.
Las patadas se las tendrían que llevar ellos en la boca, y no los pobres corazones sangrantes de los heridos en la batalla de la vida.
El dolor escuece, pero me recuerda que soy humano.
El miedo paraliza, por eso lo perdí hace ya tiempo. No le tengo miedo a casi nada… Sólo a convertirme en ellos. Miedo a que las heridas ajenas no duelan en mi alma.

Manchas negras de la sangre, de la tinta, de la nada.
Las manchas en el suelo no son agradables de ver,
ni de recoger,
ni de esconder…
Debo evitarlas.
Ojalá supiese cómo.
Me quedaré así, envenenando al cerebro, odiándote, huyendo una vez más.

Ilegibles líneas en el papel, tinta emborronada, lágrimas marchitas.
Desgarro.
Frustración.
Haga lo que haga, sólo consigo esta salida, y en el fondo sé que no es una salida siquiera.
Mi veneno.


Pero las manchas continuarán aquí… a no ser que haga algo para evitarlo.







miércoles, 15 de enero de 2014

Juegos nocturnos.


El crepúsculo ya dio paso a una noche cerrada.
Ella, como siempre,
sin rumbo fijo
entre los transeúntes que iban a la ciudad a desinhibirse,
a satisfacer
los deseos oscuros que su alma entierra en lo más profundo durante el día.
Estúpidos mortales, reprimidos por una moralidad vacua y superflua.

“Oh, cuánto placer me produciría matarlos a todos” se dice, mientras sonríe al grupito de chicos jóvenes y ebrios. Sabe que la ven como un trozo de carne.
“Pero también me produce bastante placer el jugar con vosotros, objetos vivientes”.

Las artificiales y horteras luces de los pubs y discotecas hacen el intento de atraer su atención. No sabe por qué lo siguen intentando. La que decide si entra o no es su perversa curiosidad.
Poco a poco se introduce en la semiinconsciencia de los que la rodean.
Siente su calor
el sudor de sus cuellos,
el etanol vaporizándose en sus labios.

Pulsiones,
sangre,
deseo,
baile.

Entra en un local sin fijarse en su exterior siquiera. La noche ha despertado instintos dormidos en ella.

El lugar está hasta los topes de seres “humanos” variopintos,
hombres y mujeres,
diferentes edades,
diferentes niveles de atractivo.
Es consciente de que su presencia pasa desapercibida.
Es lo mejor mientras elige a su víctima.

Las pupilas enfocan lo que buscan, lo han encontrado en los ojos de un chico. Parece joven. Pero claro, ella también lo es.
Oh, una idea condicionada más a la lista.
Así como si la edad hubiese sido realmente importante en algún momento de nuestras vidas.

El muchacho se ha percatado de su presencia. Sonrísa pícara en su rostro.
Primarios instintos emanando de sus verdes ojos.

Ella sonríe.
“Hay cosas que son tan fáciles…ojalá todo en la vida fuese tan simple”.
Se va acercando a él, esquivando a la gente como un gato lo haría: sin perder su elegancia natural.
“O quizá la vida es simple y nosotros, estúpidos como siempre, nos empeñamos en volverla complicada”.

Explosión de sensaciones.
Labios unidos,
lenguas ávidas de saliva,
de carne,
de sudor,
de sexo.
Las manos que recorren veloces el cuerpo ajeno,
como si no hubiera otra cosa en el mundo que importase…
y es que, de hecho, en ese momento no la hay.

Ella le clava las uñas en la espalda sobre su camisa y se lo lleva del local, a lo que él no opone resistencia.
No avisa a sus amigos,
ella no sabe si los tiene siquiera.
Y tampoco le importa.
Hay que saber priorizar las cosas.

Lo más cercano, lo mejor. Porque por mucho que lo repitan como cacatúas, es un sinsentido que lo bueno deba hacerse de esperar.

Hay un parquecillo cercano, algo apartado, solitario.
Es perfecto.

Ella lo tira al suelo,
suelo sobre el que de día los niños juegan.
Sonríe lascivamente.
Es un lugar apropiado.
Puede que no sea tan niña, pero ahora es la que juega.

Jugando.
Desnudándolo con las manos y los dientes.
Dejando un cuerpo sudoroso y excitado desnudo a la luz de las estrellas.

Se saca el vestido y se coloca sobre él,
deslizando piel contra piel,
arañando su blanca carne,
mordiendo su cuello, sus pezones,
buscando sangre…

Recorre con la lengua su línea media,
llegando a su miembro erecto,
buscando que gima,
que ponga los ojos en blanco,
que no pueda pensar en nada más que en el placer.

“Es un juego muy divertido, este de tener a alguien en mis manos”.

Cuando parece que él no puede más, lo cabalga,
buscando que su miembro entre más y más adentro,
gimiendo de placer mientras le desgarra el pecho.

Pequeñas perlas de sangre aparecen en los arañazos
y ella las lame,
en profundo éxtasis,
sin parar de bajar y subir,
gozando lo inimaginable.

“Mi pequeño vicio, la sangre de desconocidos”.

Siguen,
aumentando la velocidad,
la intensidad,
hasta que ya no pueden más y todo desemboca
en un clímax de temblores, jadeos, gemidos y placer.

Al acabar se separan y él suspira, seguramente sin acabar de creerse del todo lo que acaba de pasar.
Ella sonríe con una pizca de empatía –si es que acaso alguna vez supo lo que eso era- y le besa la frente.
“Buen chico” susurra, acariciándole la cabeza.
Y se pone su ropa, sin prisa, y allí lo deja.

“No dejar que otros jueguen con un objeto cuando tú no volverás a hacerlo
 es un auténtico desperdicio”.

La noche la insta a introducirse de nuevo en ella, a gozar en deliciosa soledad sus últimos momentos antes de que dé paso al día.
Se dirige a ninguna parte, y acaba en la playa,
desierta.
Ve como la noche es sometida por el día
en su juego de dominación y sumisión alternante del que nunca se cansan.

Inspira profundamente,
dejando que el salitre y el frío inunden sus pulmones.

“Noche divertida. Algún día me cansaré de estos juegos…
Pero hasta entonces, a ver qué nos depara este nuevo día.”


lunes, 13 de enero de 2014

Lección de anatomía.


Muerde cada centímetro de mi piel.
Aprieta el cinturón en torno a mi cuello, reduciendo el riego cerebral.
Hazme enloquecer.
Festival de manos, 
dientes, 
labios, 
todos unidos en armonioso y frenético baile.
Te clavo las uñas en la espalda, 
sintiendo como desgarran levemente tu epidermis, 
dejando marcas de mi paso por tu alcoba.

Follarse las mentes, sí… pero también los cuerpos.

Sométeme a tu voluntad, me gustará.
Este es el juego en el que sumisión y dominación 
son excitantes por igual.
Fúndete conmigo.
Ritmo en crescendo. 
Sin pausas.

No pares.

Tus gemidos son la única música que quiero escuchar ahora mismo.
Respiraciones entrecortadas.
Aliento caliente en tus oídos mientras lamo el lóbulo de tu oreja.
Susurros sucios.
Calor en la entrepierna.
Gemidos inconfesables, 
placer prohibido,
tabúes de una sociedad absurdamente represiva.

La mañana llegará pronto…
Sé mi insomnio.

Ver tus ojos ponerse en blanco y saber que la cosa marcha bien.
Tengo una necesidad que satisfacer… Así que prosigamos.
Sé que te encanta esto.
Te encanta ser ahora el sometido,
tenerme sobre ti,
ver mi cuerpo bajar y subir.

Morderme el labio inferior de placer… No sé si me gusta más a mí o a ti.

Entrar y salir de tu cuerpo entre espasmos de éxtasis, mi deporte favorito.
Recorrer tu torso con mi lengua, 
morderte el cuello buscando que tu sangre se acerque a mí.
Su calidez calienta mi cuerpo. Y sé que el tuyo también.
Roce de los cuerpos que provoca escalofríos en mi espalda.
Tragarme en un beso tus jadeos.

¿Estudiar? Ya lo hago.
Estudio anatomía y te uso de modelo.

Gime.
Gime para mí.
Arriba, 
abajo, 
por detrás,
por delante.
Hasta la extenuación.
Lamer tu sudor, tu cuerpo, tu miembro.
Fluidos amargos y excitantes a partes iguales.       
Placer a raudales.
Clímax de infarto.

Nunca tendré bastante.

Vida en estado de lujuria, la mejor vida.





sábado, 11 de enero de 2014

Etiología desconocida.

Palabras que queman esta malherida garganta.
De tanto apretar los dientes voy a rompérmelos algún día.

Lo que te mantiene despierto
no siempre es agradable.
El frío que siento
no es solamente somático.

A veces,
algo insignificante prende la chispa
sin que nos demos cuenta,
y toda la carga comienza a arder.

Y el odio,
como un veneno,
corre por tus venas,
reabriendo heridas,
martilleando tu cabeza.

Un odio que no sabes 
de donde viene siquiera.
Es igual. 
Exógeno o endógeno, 
fluye por tus vasos. 

Odio ver en otros los bucles que he visto en mí misma.
Porque sé cómo te sientes por dentro,
y lo odio.
Mucho.
Bucles que te estrangulan sin remedio.

Veneno en sangre...
No hay escapatoria.

La ración de odio que sea doble y con hiel, camarero.

Ojalá romper algo justo ahora.
El ruido ahogaría los pensamientos.
Porque la verdad duele,
nos hace libres
pero duele,
¿verdad?            
A quién quiero engañar... No sé si existe verdad alguna. 
Pero el dolor sí es real.

La parte de mí que se queda en la tinta me recordará 
los momentos que mi mente prefiere olvidar.
Hay cuerdas que quemar… Pero otras deben permanecer.

¿Y si lo que pasa es que empiezo a ver cosas que nunca antes vi tan claramente?

Asco, esa es la palabra.
Asco,
repugnancia,
rechazo,
rabia.
En cantidades industriales infectan mi tembloroso cuerpo.
  
Luz no absorbida cuyo reflejo desorienta y ciega.
A la luz del día atacan los peores monstruos: 
los que no te esperas.
Porque crecemos temiendo a la noche, 
pero nunca nos muestran los horrores del día.

Sé que acabaré fracasando también.

Como un rey acorralado
alargando una partida que acabará en jaque mate.
Postergando lo inevitable.
Quizá acabe autodestruyéndome
como los mensajes de las películas americanas.

Enemigos invisibles,
los peores enemigos.


Quizá mi peor enemigo reside en el interior de mi cabeza.


lunes, 6 de enero de 2014

Against the wind.

Life passes by, and she's watching.
Sitting to watch the sun die… 
Goodbye.
She doesn’t know if she says it to the sun 
or to him.
I couldn’t feel you. You’re always so far away.
Water’s coming darker as the sun disappears. The water doesn’t reflect herself.
Time has seemed to change my face. Face to face, in the mirror stares my enemy.
The life I think about is so much better than this.
Everyone feels so far away from me. 
Heavy thoughts forcing their way out of me.

Here in the darkness I know myself.
Another thing is if I like it or not.
Hold myself up and love my scars.
The scars will remain and never heal.
This night will hurt you like never before, dear.

Looking at midnight sky, asking why.
Confusing stars for satellites.
Confused, running out in circles inside yourself.
Don’t know what comes now. 
Don’t know what you should do.
As the heavens seem so far now, who will paint the midnight star?

Please let me take you out of the darkness and into the light.
I just want to save you while there’s still something left to save.
A little part of my soul 
persists in savin’ me.
It doesn’t accept this world in which I have to live, and is always looking for something better. 
Something better than this.
There is no time to wait.
There’s not much longer, 
so don’t try 
and fight.

Chemical change!
My head is always spinning from this physical condition.
What a curse, nervous system complexity. Contradictions are the rule, not the exception.
One day your world will dissolve around you.
As one part tries to save me, another part throws me against the glass, 
increasing injuries, loving how blood is gushing.
The party is over.
Still dancing with your demons, victim of your own creation.
I can’t escape… I’ve created them.

Before crashing through the wall, I see something inside it.
Your languidness shining through a crystal wall.
Resting my fingers on your shape. They still remember it.
Your touch,
your skin.
Nobody would touch you like I would.
I was looking for, but never found you.
I’ve tried but nothing is working. I won’t stop, I won’t say I’ve had enough.

Beat the crystal with my closed fist 
before memories beat me. 
Splinters of glass ripping muscle tissue. 
I clench my teeth with closed eyes.
Here in this moment, 
like the eye of the storm, 
it all came clear to me.
Got to open my eyes to everything.

When you lose small mind you free your life.
Prioritize, always prioritize.
I need some piece of mind, no fear of what’s behind.
I had always thought that you’re my prince. Well, you’ve proven to be only prince of darkness… 
Now the real world has stripped you of your royalty
and from your kingdom you’re evicted.

Now’s the time for us to lose who we are and how we’ve tried.
Shit, I usually forget 
that "us" doesn’t exist yet. 
Not for us. For me.
My time has come.

Stabbed hearts drain off slowly. Mediastinum soaked of dark blood.
Psychological and physical pain are mixing up right now.
Blood fills our lungs from screaming. We won’t live a lie…
I won’t live a lie anymore.

I drink the dark waters.
They bring me life,
they bring me strength.
But I know if I fall down, I’ll drown in just a moment.
One second in the great abyss of time.

I could lose it all, but I cannot recall.
Now, you’re a shadow...
Vanishing of my mind.

She walks alone now, looking for a new place.
Never stopping with her hair against the wind.





domingo, 5 de enero de 2014

Doble error.



Él.                                                                                                                         Ella.
Dos historias diferentes que se funden en una sola.

Dame una razón para seguir fingiendo.
Eso pienso mientras me lanzo de cabeza al este lago que no es de agua.
Prefiero flotar a caminar como un muerto.

Corro, sin rumbo fijo.
Ya no sé tras de quien voy, ni tampoco lo que soy.
Sólo me pregunto por qué, aun a sabiendas de que no obtendré respuesta alguna.
Nadie te ha preguntado qué haces aquí, cómo has llegado, a dónde quieres ir… Y ahora que te das cuenta, no hay vuelta atrás, los momentos perdidos no van a regresar.

No quiero olvidarlos, por eso me sumerjo en ellos.
Guardo todos tus recuerdos embalsamados en formol.
Pero en el fondo sé que esta no es la solución.

Detenerse ante un insalvable obstáculo, cómo lo detesto.
Si el laberinto se nos cierra, si ya no hay salida, pegar patadas en las puertas puede ser la solución.
Y así, prosigo, porque quedarme aquí no es una opción.
Abro puertas que alguien me cerró y no busco más sentido a mi dolor.

Salgo del lago, sé que debo huir de él. Lástima que mi amígdala me inste a regresar.
Huyo, a veces pienso en otra cosa, mi cerebro reacciona, no me deja en paz.
Escupo el formol tragado. Amargor que escuece, pero menos que ella.
Amargura y saciedad, pero dulce esperanza.

Un momento… ¿qué estoy haciendo?
Si sientes frío y dolor, no intentes huir.
"Querida, recobra el juicio aunque no hagas lo mismo con la alegría."
Eliminar fronteras de tu mente.

La suave brisa se torna huracanado viento. Vemos pájaros volar, allá en el cielo.
¿De dónde sacarán sus fuerzas? ¿Qué les empuja un día más?
La furia del viento aclara las ideas.

No dejes que pueda llevarte el viento en la tormenta.

Los vientos del norte traerán un nuevo día.

No apagará nuestra llama ese viento
aunque nos falte el aliento y no se cierre la herida.
   
Los pétalos de las rosas, las capas de mi miocardio.
Se marchita el corazón. Se perdió toda la chispa.
Pero la vida resurgirá de las cenizas.
Recupero el valor.

Sin miedo de mis recuerdos me libré.

"Pequeña, ¿a qué se debe la taquicardia, el temor?"
Corazón entre dos piedras ansiosas de machacarle.
"Te sientes atrapada, acechada por quien tanto daño te ha hecho: el tiempo."

Sólo a los cobardes los persiguen las agujas del reloj.
Así es, por eso intenté ser el perseguidor y no la presa.
"Pero el tiempo se te escapa entre los dedos… Y vuelves a tener miedo."
No se ha escapado el tiempo, es que no se ha detenido.

Caminará el reloj, pero no tanto el corazón.

¿Crees en el destino? ¿Acaso te crees dueño de tus actos? El bien, el mal, qué dilema,…
Maldita sea, demonio de mi cabeza. Calla ya. Sé que eres lo que en mí queda de ella.
Se acabó. Cortando tu inerte cabeza irás por fin a los dominios del olvido, 
donde debiste ir hace tiempo.
Es preciso el instante que acaba con todo.

Nuestra vida cambia. La cambiamos nosotros.
Las cosas no cambian desde tu sillón.
Monstruos que nosotros creamos, nosotros os destruimos.
Grita lo que quieras, pero muere.
Podrías echarte a un lado, dejarnos paso, dejar vivir.

No tengo nada que temer de ti ya. Eres mío, te someterás a mi voluntad.
Tendrás que someterme a ti antes de que yo te someta a mí.
Y ambos sabemos que no lo lograrás.
Jaque mate, Timelord.
Sonrío, por fin. Es tiempo de hacer todo aquello que siempre quise hacer.
Quito el odio a guitarrazos, cambio guerras por abrazos.

Temí al tiempo, por todo el daño que me hizo. Pero ese tiempo acabó.
Nunca más caeré en ese error.

Ella no fue mi mayor error. Fue intentar conservar aquello que se acabó.

Sólo después del doble error de ayer hoy se aprende.



sábado, 4 de enero de 2014

Relatividad.


Inspira profundamente y cierra los ojos. Una lágrima resbala por su mejilla,
sin prisa,
perdiéndose en su cuello,
dejando un brillante recorrido como única prueba de que alguna vez ha existido.

Una lágrima no siempre es triste.
Una sonrisa puede ser amarga.
Dos y dos no siempre son cuatro.
Pero eso es algo que muchos prefieren dejar olvidado.

Se acerca a la ventana. 
Asomando la cabeza, levanta los párpados, mostrando sus brillantes ojos al mundo. 
Es una mañana casi primaveral, poco típica de enero. Entrecierra los ojos, pero sonríe.
>> Siempre temen a la oscuridad, pero la luz no solo ilumina… también ciega.

La estrecha calle, desierta. La suave brisa acaricia los árboles.
Se estremece.
El sonido más placentero, el de las ramas al mecerse.
Mejor sola que perdida en medio de un montón de gente.

Sale a la calle, cubriendo su cuerpo únicamente con un vaporoso camisón de lino.
Más desnuda que vestida.
Quizá no sea lo más apropiado.
Eso no importa. Sigue andando.
>> Lo apropiado es cosa del individuo, al fin y al cabo.

Camina descalza unos metros, introduciéndose en el bosque.
Por una vez, los pies no protestan y obedecen dócilmente.
Van a donde desean estar.
Puede, y solo puede, que le eche de menos.

Se tumba, mirando el cielo en el que se entretejen las desnudas ramas de árboles vecinos. 
Ya no le recuerdan a sus manos. 
No quedan nubes que se le parezcan,
no oye su voz en el canto de ningún pájaro.

El tiempo se deformaba en sus labios, pero seguía pasando, inexorable… y se agotó.

Su sonrisa no es infeliz, sino sosegada.
>> Siempre supo que no existían los “para siempre”.

Pasos sigilosos que se acercan. 
Un lobo gris, de feroz belleza, las pupilas dilatadas, enfocadas en ella. 
Pero su calma no desaparece tan fácilmente: se limita a girar su cabeza, y observa. 

Vienes hacia mí… pero me pregunto 
si te quedarás a mi lado o seguirás tu camino, pasando de largo.

La ironía nos puede hacer sacar una pequeña sonrisa. 
Mismas frases en diferentes contextos. Qué extraño suena. 

Si te quedases, puede que me destruyeses o puede que me amases. 
Si es que hay alguna diferencia entre ambas cosas, claro.

Por suerte o por desgracia, 
el tiempo en el que eso importaba ya ha pasado.
>> Todos continúan su camino tarde o temprano.

Nacemos solos, morimos solos.

¿Te quedarás?

Cierra los ojos y suspira.
No tardaremos en averiguarlo.