Inspira profundamente y cierra
los ojos. Una lágrima resbala por su mejilla,
sin prisa,
perdiéndose en su cuello,
dejando un brillante recorrido
como única prueba de que alguna vez ha existido.
Una lágrima no siempre es triste.
Una sonrisa puede ser amarga.
Dos y dos no siempre son cuatro.
Pero eso es algo que muchos
prefieren dejar olvidado.
Se acerca a la ventana.
Asomando
la cabeza, levanta los párpados, mostrando sus brillantes ojos al mundo.
Es una
mañana casi primaveral, poco típica de enero. Entrecierra los ojos, pero
sonríe.
>> Siempre temen a la oscuridad,
pero la luz no solo ilumina… también ciega.
La estrecha calle, desierta. La
suave brisa acaricia los árboles.
Se estremece.
El sonido más placentero, el de
las ramas al mecerse.
Mejor sola que perdida en medio
de un montón de gente.
Sale a la calle, cubriendo su
cuerpo únicamente con un vaporoso camisón de lino.
Más desnuda que vestida.
Quizá no sea lo más apropiado.
Eso no importa. Sigue andando.
>> Lo apropiado es cosa del individuo, al fin y al cabo.
>> Lo apropiado es cosa del individuo, al fin y al cabo.
Camina descalza unos metros,
introduciéndose en el bosque.
Por una vez, los pies no
protestan y obedecen dócilmente.
Van a donde desean estar.
Puede, y solo puede, que le eche
de menos.
Se tumba, mirando el cielo en el
que se entretejen las desnudas ramas de árboles vecinos.
Ya no le recuerdan a
sus manos.
No quedan nubes que se le
parezcan,
no oye su voz en el canto de
ningún pájaro.
El tiempo se deformaba en sus
labios, pero seguía pasando, inexorable… y se agotó.
Su sonrisa no es infeliz, sino
sosegada.
>> Siempre supo que no existían los “para
siempre”.
Pasos sigilosos que se acercan.
Un lobo gris, de feroz belleza, las pupilas dilatadas, enfocadas en ella.
Pero su calma no desaparece tan fácilmente: se limita a girar su
cabeza, y observa.
Vienes hacia mí… pero me pregunto
si te quedarás a mi lado o seguirás tu camino, pasando de largo.
La ironía nos puede hacer sacar
una pequeña sonrisa.
Mismas frases en diferentes contextos. Qué extraño suena.
Si te quedases, puede que me
destruyeses o puede que me amases.
Si es que hay alguna diferencia
entre ambas cosas, claro.
Por suerte o por desgracia,
el
tiempo en el que eso importaba ya ha pasado.
>> Todos continúan su camino tarde o
temprano.
Nacemos solos, morimos solos.
¿Te quedarás?
Cierra los ojos y suspira.
No tardaremos en averiguarlo.


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