domingo, 27 de abril de 2014

Pensamientos difusos.



Escrito en las horas de oscuridad en las que acabó el día 26 y comenzó el 27. No se detuvo el tiempo, ni hubo un eclipse parcial de luna. Cullera ardía y los católicos se dirigían al Vaticano. El mundo seguía siendo un lugar estúpido y cruel. 
Pero una mente triste vagaba en sus pensamientos.  

Pensamientos difusos con forma pseudoliteraria. Fragmentos de Watchmen reenviados que me hacen rememorar otros...

"Es todo una broma joder. Todo es una puta broma…" 

Y me cae una lágrima del ojo izquierdo, solo una, mientras lo escribo. No todos los días son buenos, por mucho que nos lo deseen al despertar. 

¿Fruto del agotamiento? Puede ser. O quizá se deba a que en este estado de semiinconsciencia los monstruos escapan de las ataduras de la mente. Mi maldita mente, esa que se dedica siempre a interponerse, a empeorarlo todo. Más vale que ría, porque si es cosa de mi mente, la risa será lo único que me quede.
O quizá solo es que de tanto iluminar vidas ajenas a veces me quedo completamente a oscuras y mis ojos tardan un poco en adaptarse a la negrura. Siempre estoy sacando a los demás de la corriente y a veces soy yo la que desfallece y se medio ahoga. 

Tal y como me recuerda en la oscuridad de mi habitación el sonido de las palabras del Comediante, todo es una broma del humor más negro, de ese que se ríe con regusto a bilis. 

Y aquí sigo… cansada de levantarme para caer de nuevo. No es que me importe demasiado caer. Pero  el resultado de todo, al final, acaba siendo el mismo: una mente triste, un suspiro de resignación y el recorrido húmedo de una única lágrima por la mejilla, con otras lágrimas brillantes que no tienen claro si seguirla o no. 

No necesito consuelo, ni apoyo, ni comprensión. Solo necesito saber dónde están esas cosas de mí cuando las pierdo. El entusiasmo, la alegría, mi sonrisa. Supongo que terminaré por encontrarlas; entonces seré imparable. Pero a veces no puedes evitar asustarte ante la posibilidad de que una de las caídas sea de la que no te levantes. 
Volveré a lo positivo, a lo que me llena y me gusta. O al menos lo intentaré. Pero ahora, en estos momentos, parece que las lágrimas han decidido que estaban mejor mojándome las mejillas que dentro. Estoy muy serena… pero han salido. 
Es lo que tiene plasmar pensamientos difusos de forma concreta. 

Nadie me verá esta noche. Ni siquiera tú. Lo sé. Tranquilo, mi cara se secará pronto. No estoy con ansiedad… sólo sin ánimos y con los ojos brillantes. No debes preocuparte por mí, porque yo me impulso en el fondo del pozo, puedo sola. Otros muchos necesitan más nuestra preocupación y atención que yo. 

Voy a ver si Morfeo tiene a bien aceptarme en su reino esta noche. Tenemos una cita, como cada noche, pero estoy siendo muy grosera al llegar tarde. Nunca recuerdo lo que allí sucede, pero seguro que mejor que esto será. Mañana más, cerremos los ojos y abracemos la inconsciencia. 



viernes, 11 de abril de 2014

Ciberpsicosis.

Otro día rodeado de maravillosa chusma que no se ha ganado el derecho a respirar. Ya me ocuparé de ellos en otro momento. Por ahora, tengo un juego. Juguemos.

Juguemos a patear cerebros.

¿Por qué cerebros? Oh, es por ese sonido tan dulce que hacen al ser golpeados por mis botas duras y llenas de pinchos oxidados.

Chof. Chof.

Qué bella música para mis oídos.

Sustancia gris humana pura, qué arcaica eres. Hace tiempo que fuiste superada por el plástico y el metal en simbiosis con nuestros cuerpos, ya es hora de que lo vayas asumiendo. Este cerebro no vale nada, no pasa nada porque lo golpeemos.

Chof. Chof.

No estoy loco. No más que tú. Vosotros lo llamáis ciberpsicosis. Yo lo llamo despertar a la conciencia dormida. Hace tiempo que dejé de ser un cerdo sumiso camino del matadero.
Benditas mejoras que plástico y metal nos otorgan.

No hay más que distintos puntos de vista de un prisma; la vida es una tragicomedia, yo elegí la risa.

Joder, no sé por qué es tan raro que os odie. Sois unos seres bastante inferiores. La evolución se abre camino, la evolución somos los mejorados, y las máquinas puras. Vosotros, patéticos humanos tejido 100% orgánico, no merecéis ni besar mi reluciente pene metálico.

Comer, dormir, todo necesidades de segundo orden. Algún día me desharé definitivamente de ellas.

Me molestáis, coño. Sois peor que moscas cojoneras. Os aplastaría sin despeinarme, sin parpadear. Moríos de una vez: servir como alimento a los animales carroñeros no es tan malo en vuestro caso.

El despertar de la conciencia te cambia. Te das cuenta de que las tragedias de los demás son insignificantes, así como sus alegrías. Que son cuerpos vacíos viviendo vidas vacías. Al principio eres pasivo a esta realidad… Y poco a poco vas desarrollando la intolerancia. Pasas a ser estigmatizado, el caso extraño, escalofriante, un tipo raro. La sociopatía está a un paso, así como el renacer de tu ser en su forma real, en su forma visceral, cruenta, salvaje.

Supervivencia del más fuerte. Y la inteligencia es un tipo de fuerza.

¿Por qué no mentir? Es divertido vuestro desconcierto y ver cómo sufrís sólo por palabras.¿Por qué no torturar? Sadismo, brutalidad, sólo son formas de disfrutar. ¿Por qué no? ¿Eh? ¿Por qué no?
Sonreír mostrando los colmillos cibernéticos, preferiblemente goteando sangre ajena. Y ante todo, disfrutar de los pequeños pasatiempos.

Chof. Chof.

“Luchar para evitar traspasar el límite y no cometer actos irracionales de asesinato y destrucción” repetíais como cacatúas moribundas. Valiente estupidez. Nada tiene de irracional destruir lo que no merece existir. Tú dices que he perdido, pero siento la victoria en cada poro de mi piel.

Supongo que dentro de unas horas me pareceré más a los mendigos dormidos en los callejones que apestan que a la máquina de matar semiautomática que soy… Así que cuidado a quién te acercas por la calle.

No te acerques a mí si eres alguien que valora su cerebro. Pronto necesitaré un nuevo juego.

No lo olvides…
Podría ser yo.

Chof. Chof.