lunes, 16 de junio de 2014

Combustión.

El fuego que te destruye quizá sea el único que puede salvarte. 

No podía escapar a su destino, lo sabía… pero a veces deseaba hacerlo. 
Las gotas frías de lluvia caían y se fundían con sus lágrimas, para acabar cayendo a la tierra. El agua abandonando su cuerpo mientras el fuego aumentaba.

El fuego que un día calentó su alma; 
el fuego que dentro de poco consumiría todo lo que era, quedando reducido a míseras cenizas. 

Cenizas que se llevaría el viento, igual que las agujas de pino.
Aunque sea perenne, toda hoja cae tarde o temprano.

Salvadle. Por favor.

Que alguien acuda al grito de su maltrecho corazón. Que alguien le recuerde lo que es sonreír por cualquier tontería. Ofrecedle una taza de chocolate con nubes. Solucionad todos los males que atormentan a tan dulce ser. Demostradle que es tan poderoso como el fuego de su interior. Haced que vea cómo en su interior late la fuerza y libertad de los lobos, de los dragones.

Por favor, que alguien le salve… pues ese ser soy yo.




sábado, 7 de junio de 2014

Parásito.

"Your scream is burning trough my veins".

Recordaba aquel día. Lo recordaba como si hubiese sido ayer, y nada le decía que no fuese cierto. 
Un día como aquel no merecía caer en las aguas del olvido.
Y es que se trataba de un día especial.

“El día en que te abandoné”.

Sus ojos, oscuros y profundos, parecieron brillar como dos brillantes gotas de aceite. 
-Sí, lo hice-gritó a las estrellas de un cielo sin luna, rompiendo el silencio de la noche.-Y no me arrepiento de ello, maldita seas.

Fue una gran decisión, y lo sabía. 
Desde aquel día nunca la había echado de menos. 
Desde aquel día todo era, si no blanco, al menos gris. 
No deseaba su regreso.

“Y sin embargo aquí estás de nuevo”. 

El silencio de la noche había vuelto a caer sobre sus hombros desnudos, pero lo que la atormentaba era el ruido de los gritos.
-No sé quién grita ya; si soy yo, si eres tú, si es el mundo-murmuró en voz baja mientras sus rasgos se apretaban en una mueca.-Pero duele.
Podía percibirla de nuevo, tras tanto tiempo. Estaba ahí, rompiendo por dentro su sistema cardiocirculatorio, al igual que un parásito.

La cruda realidad es que nunca la eliminó del todo… sólo la dejó secuestrada en el núcleo. 
Y allí seguía, esperando.
Esperando la señal que la liberase, sabiendo que lo más probable es que no tardase en llegar.

-Lo sé. Sé lo que piensas. Sé lo que planeas-dijo sin abrir los labios, pues a quién se dirigía no necesitaba las ondas sonoras para escucharla.-Me conoces bien, pero yo a ti también. 
Al fin y al cabo, yo te creé.

Se arañó la cara interna del brazo izquierdo utilizando su mano derecha, lentamente. Unas marcas rojizas destacaban como intrusas en su pálida piel. Las miró, mostrando una sonrisa sin alegría, recordando aquellos días en los que pensaba que aún podía extirparla.
Qué necia había sido... Extirpar un parásito endógeno. Claro. 

Aún soportaba la lucha… Pero sabía que acabaría odiándola tarde o temprano, y que entonces ella habría ganado.
Sus ojos brillaron de determinación.

“Quieres liberarte, ¿verdad? 
Pues adelante. 
Te reto a intentarlo.
Intenta hacer añicos mi vida. 
Intenta destruirme. 
Intenta destruirnos.
Pero te lo advierto:
 no dejaré que te salgas con la tuya”.