lunes, 16 de junio de 2014

Combustión.

El fuego que te destruye quizá sea el único que puede salvarte. 

No podía escapar a su destino, lo sabía… pero a veces deseaba hacerlo. 
Las gotas frías de lluvia caían y se fundían con sus lágrimas, para acabar cayendo a la tierra. El agua abandonando su cuerpo mientras el fuego aumentaba.

El fuego que un día calentó su alma; 
el fuego que dentro de poco consumiría todo lo que era, quedando reducido a míseras cenizas. 

Cenizas que se llevaría el viento, igual que las agujas de pino.
Aunque sea perenne, toda hoja cae tarde o temprano.

Salvadle. Por favor.

Que alguien acuda al grito de su maltrecho corazón. Que alguien le recuerde lo que es sonreír por cualquier tontería. Ofrecedle una taza de chocolate con nubes. Solucionad todos los males que atormentan a tan dulce ser. Demostradle que es tan poderoso como el fuego de su interior. Haced que vea cómo en su interior late la fuerza y libertad de los lobos, de los dragones.

Por favor, que alguien le salve… pues ese ser soy yo.




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