El fuego que te destruye quizá sea el único que puede
salvarte.
No podía escapar a su destino, lo sabía… pero a veces
deseaba hacerlo.
Las gotas frías de lluvia caían y se fundían con sus lágrimas,
para acabar cayendo a la tierra. El agua abandonando su cuerpo mientras el
fuego aumentaba.
El fuego que un día calentó su alma;
el fuego que dentro de
poco consumiría todo lo que era, quedando reducido a míseras cenizas.
Cenizas
que se llevaría el viento, igual que las agujas de pino.
Aunque sea perenne, toda hoja cae tarde o temprano.
Salvadle. Por favor.
Que alguien acuda al grito de su maltrecho corazón. Que alguien
le recuerde lo que es sonreír por cualquier tontería. Ofrecedle una taza de
chocolate con nubes. Solucionad todos los males que atormentan a tan dulce ser.
Demostradle que es tan poderoso como el fuego de su interior. Haced que vea
cómo en su interior late la fuerza y libertad de los lobos, de los dragones.
Por favor, que alguien le salve… pues ese ser soy yo.

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