lunes, 29 de agosto de 2016

Vacío.

Y pese a todo, pese a creer que soy feliz, creerlo de verdad, el vacío permanece. Como si un día que no recuerdo cual fue algo muy valioso dentro de mí me hubiese sido arrebatado, y quedase un hueco, oscuro y profundo, que nada puede llenar, salvo aquello que ya no tengo y que no sé identificar. Sí, no me encuentro en la más favorable de las situaciones. Al menos, parece que no crece, que sólo se mantiene, pero no descarto que vaya haciéndose mayor hasta absorberme cual agujero negro, hasta que mi ser ya no exista. 
Lloro lágrimas secas porque hasta las lágrimas se me han acabado. 
Supongo que es cierto que soy feliz, pero eso no quita que esté rota, incompleta. Y en esto, como en casi todo, estoy sola. 
Quizá lo mejor sería que la oscuridad me devorase. 
Si tienes eso que me falta, que tanto me hace falta, búscame. Hazlo pronto, o puede que ya sea demasiado tarde. 

domingo, 12 de junio de 2016

Recaída

Regreso a mis orígenes, como no podría ser de otra manera. Los demonios nunca desaparecieron del todo, sólo me dieron una tregua para recuperar sus fuerzas antes de atacar de nuevo. Esta vez quieren acabar conmigo definitivamente, y creo que van a lograrlo.
Su esencia viscosa se expande por mi cerebro. Sé que es cosa suya que a veces me retuerza de un dolor que no es físico o que comience a derramar lágrimas rojas y grises, de sangre y de pena. Siguen hablando, a veces a susurros, a veces a gritos, para decirme todo aquello que ya me decían, quizá con más rudeza, con más desprecio, aunque esa diferencia no es que me afecte. No es como si alguien me apreciase fuera de mi cabeza, qué importa que tampoco se me aprecie dentro de ella. No es eso lo que hace que siga maldiciéndome y castigándome, no. El motivo es otro, bastante más grave. 
Y es que jamás podré perdonarme el haber sido tan necia como para creer que podría ser feliz, que existiría para mí una vida maravillosa sin los demonios de dentro de mi cabeza. 

He caído otras veces desde que me recuperé del incidente, pero nunca había sufrido una recaída tan grave como esta. Tal vez un día de estos decida que he tenido suficiente y esta nota se convierta en mi esquela. ¿O acaso tú me salvarás? 
Olvida la pregunta, ambos sabemos la respuesta. 
En esta selva nadie protege a nadie, y cuando dejas de ser tu escudo te conviertes en la presa más fácil. Supongo que, aunque mis órganos sigan vivos, mi alma hace tiempo que está muerta. 



lunes, 16 de junio de 2014

Combustión.

El fuego que te destruye quizá sea el único que puede salvarte. 

No podía escapar a su destino, lo sabía… pero a veces deseaba hacerlo. 
Las gotas frías de lluvia caían y se fundían con sus lágrimas, para acabar cayendo a la tierra. El agua abandonando su cuerpo mientras el fuego aumentaba.

El fuego que un día calentó su alma; 
el fuego que dentro de poco consumiría todo lo que era, quedando reducido a míseras cenizas. 

Cenizas que se llevaría el viento, igual que las agujas de pino.
Aunque sea perenne, toda hoja cae tarde o temprano.

Salvadle. Por favor.

Que alguien acuda al grito de su maltrecho corazón. Que alguien le recuerde lo que es sonreír por cualquier tontería. Ofrecedle una taza de chocolate con nubes. Solucionad todos los males que atormentan a tan dulce ser. Demostradle que es tan poderoso como el fuego de su interior. Haced que vea cómo en su interior late la fuerza y libertad de los lobos, de los dragones.

Por favor, que alguien le salve… pues ese ser soy yo.




sábado, 7 de junio de 2014

Parásito.

"Your scream is burning trough my veins".

Recordaba aquel día. Lo recordaba como si hubiese sido ayer, y nada le decía que no fuese cierto. 
Un día como aquel no merecía caer en las aguas del olvido.
Y es que se trataba de un día especial.

“El día en que te abandoné”.

Sus ojos, oscuros y profundos, parecieron brillar como dos brillantes gotas de aceite. 
-Sí, lo hice-gritó a las estrellas de un cielo sin luna, rompiendo el silencio de la noche.-Y no me arrepiento de ello, maldita seas.

Fue una gran decisión, y lo sabía. 
Desde aquel día nunca la había echado de menos. 
Desde aquel día todo era, si no blanco, al menos gris. 
No deseaba su regreso.

“Y sin embargo aquí estás de nuevo”. 

El silencio de la noche había vuelto a caer sobre sus hombros desnudos, pero lo que la atormentaba era el ruido de los gritos.
-No sé quién grita ya; si soy yo, si eres tú, si es el mundo-murmuró en voz baja mientras sus rasgos se apretaban en una mueca.-Pero duele.
Podía percibirla de nuevo, tras tanto tiempo. Estaba ahí, rompiendo por dentro su sistema cardiocirculatorio, al igual que un parásito.

La cruda realidad es que nunca la eliminó del todo… sólo la dejó secuestrada en el núcleo. 
Y allí seguía, esperando.
Esperando la señal que la liberase, sabiendo que lo más probable es que no tardase en llegar.

-Lo sé. Sé lo que piensas. Sé lo que planeas-dijo sin abrir los labios, pues a quién se dirigía no necesitaba las ondas sonoras para escucharla.-Me conoces bien, pero yo a ti también. 
Al fin y al cabo, yo te creé.

Se arañó la cara interna del brazo izquierdo utilizando su mano derecha, lentamente. Unas marcas rojizas destacaban como intrusas en su pálida piel. Las miró, mostrando una sonrisa sin alegría, recordando aquellos días en los que pensaba que aún podía extirparla.
Qué necia había sido... Extirpar un parásito endógeno. Claro. 

Aún soportaba la lucha… Pero sabía que acabaría odiándola tarde o temprano, y que entonces ella habría ganado.
Sus ojos brillaron de determinación.

“Quieres liberarte, ¿verdad? 
Pues adelante. 
Te reto a intentarlo.
Intenta hacer añicos mi vida. 
Intenta destruirme. 
Intenta destruirnos.
Pero te lo advierto:
 no dejaré que te salgas con la tuya”. 





domingo, 27 de abril de 2014

Pensamientos difusos.



Escrito en las horas de oscuridad en las que acabó el día 26 y comenzó el 27. No se detuvo el tiempo, ni hubo un eclipse parcial de luna. Cullera ardía y los católicos se dirigían al Vaticano. El mundo seguía siendo un lugar estúpido y cruel. 
Pero una mente triste vagaba en sus pensamientos.  

Pensamientos difusos con forma pseudoliteraria. Fragmentos de Watchmen reenviados que me hacen rememorar otros...

"Es todo una broma joder. Todo es una puta broma…" 

Y me cae una lágrima del ojo izquierdo, solo una, mientras lo escribo. No todos los días son buenos, por mucho que nos lo deseen al despertar. 

¿Fruto del agotamiento? Puede ser. O quizá se deba a que en este estado de semiinconsciencia los monstruos escapan de las ataduras de la mente. Mi maldita mente, esa que se dedica siempre a interponerse, a empeorarlo todo. Más vale que ría, porque si es cosa de mi mente, la risa será lo único que me quede.
O quizá solo es que de tanto iluminar vidas ajenas a veces me quedo completamente a oscuras y mis ojos tardan un poco en adaptarse a la negrura. Siempre estoy sacando a los demás de la corriente y a veces soy yo la que desfallece y se medio ahoga. 

Tal y como me recuerda en la oscuridad de mi habitación el sonido de las palabras del Comediante, todo es una broma del humor más negro, de ese que se ríe con regusto a bilis. 

Y aquí sigo… cansada de levantarme para caer de nuevo. No es que me importe demasiado caer. Pero  el resultado de todo, al final, acaba siendo el mismo: una mente triste, un suspiro de resignación y el recorrido húmedo de una única lágrima por la mejilla, con otras lágrimas brillantes que no tienen claro si seguirla o no. 

No necesito consuelo, ni apoyo, ni comprensión. Solo necesito saber dónde están esas cosas de mí cuando las pierdo. El entusiasmo, la alegría, mi sonrisa. Supongo que terminaré por encontrarlas; entonces seré imparable. Pero a veces no puedes evitar asustarte ante la posibilidad de que una de las caídas sea de la que no te levantes. 
Volveré a lo positivo, a lo que me llena y me gusta. O al menos lo intentaré. Pero ahora, en estos momentos, parece que las lágrimas han decidido que estaban mejor mojándome las mejillas que dentro. Estoy muy serena… pero han salido. 
Es lo que tiene plasmar pensamientos difusos de forma concreta. 

Nadie me verá esta noche. Ni siquiera tú. Lo sé. Tranquilo, mi cara se secará pronto. No estoy con ansiedad… sólo sin ánimos y con los ojos brillantes. No debes preocuparte por mí, porque yo me impulso en el fondo del pozo, puedo sola. Otros muchos necesitan más nuestra preocupación y atención que yo. 

Voy a ver si Morfeo tiene a bien aceptarme en su reino esta noche. Tenemos una cita, como cada noche, pero estoy siendo muy grosera al llegar tarde. Nunca recuerdo lo que allí sucede, pero seguro que mejor que esto será. Mañana más, cerremos los ojos y abracemos la inconsciencia. 



viernes, 11 de abril de 2014

Ciberpsicosis.

Otro día rodeado de maravillosa chusma que no se ha ganado el derecho a respirar. Ya me ocuparé de ellos en otro momento. Por ahora, tengo un juego. Juguemos.

Juguemos a patear cerebros.

¿Por qué cerebros? Oh, es por ese sonido tan dulce que hacen al ser golpeados por mis botas duras y llenas de pinchos oxidados.

Chof. Chof.

Qué bella música para mis oídos.

Sustancia gris humana pura, qué arcaica eres. Hace tiempo que fuiste superada por el plástico y el metal en simbiosis con nuestros cuerpos, ya es hora de que lo vayas asumiendo. Este cerebro no vale nada, no pasa nada porque lo golpeemos.

Chof. Chof.

No estoy loco. No más que tú. Vosotros lo llamáis ciberpsicosis. Yo lo llamo despertar a la conciencia dormida. Hace tiempo que dejé de ser un cerdo sumiso camino del matadero.
Benditas mejoras que plástico y metal nos otorgan.

No hay más que distintos puntos de vista de un prisma; la vida es una tragicomedia, yo elegí la risa.

Joder, no sé por qué es tan raro que os odie. Sois unos seres bastante inferiores. La evolución se abre camino, la evolución somos los mejorados, y las máquinas puras. Vosotros, patéticos humanos tejido 100% orgánico, no merecéis ni besar mi reluciente pene metálico.

Comer, dormir, todo necesidades de segundo orden. Algún día me desharé definitivamente de ellas.

Me molestáis, coño. Sois peor que moscas cojoneras. Os aplastaría sin despeinarme, sin parpadear. Moríos de una vez: servir como alimento a los animales carroñeros no es tan malo en vuestro caso.

El despertar de la conciencia te cambia. Te das cuenta de que las tragedias de los demás son insignificantes, así como sus alegrías. Que son cuerpos vacíos viviendo vidas vacías. Al principio eres pasivo a esta realidad… Y poco a poco vas desarrollando la intolerancia. Pasas a ser estigmatizado, el caso extraño, escalofriante, un tipo raro. La sociopatía está a un paso, así como el renacer de tu ser en su forma real, en su forma visceral, cruenta, salvaje.

Supervivencia del más fuerte. Y la inteligencia es un tipo de fuerza.

¿Por qué no mentir? Es divertido vuestro desconcierto y ver cómo sufrís sólo por palabras.¿Por qué no torturar? Sadismo, brutalidad, sólo son formas de disfrutar. ¿Por qué no? ¿Eh? ¿Por qué no?
Sonreír mostrando los colmillos cibernéticos, preferiblemente goteando sangre ajena. Y ante todo, disfrutar de los pequeños pasatiempos.

Chof. Chof.

“Luchar para evitar traspasar el límite y no cometer actos irracionales de asesinato y destrucción” repetíais como cacatúas moribundas. Valiente estupidez. Nada tiene de irracional destruir lo que no merece existir. Tú dices que he perdido, pero siento la victoria en cada poro de mi piel.

Supongo que dentro de unas horas me pareceré más a los mendigos dormidos en los callejones que apestan que a la máquina de matar semiautomática que soy… Así que cuidado a quién te acercas por la calle.

No te acerques a mí si eres alguien que valora su cerebro. Pronto necesitaré un nuevo juego.

No lo olvides…
Podría ser yo.

Chof. Chof.













viernes, 21 de marzo de 2014

Cenizas.

“Y el mundo ardió, y tan sólo quedaron cenizas”.

Hay tantas tradiciones que no comprendo de este país. Pero esta no es una de ellas. Y es que, una noche al año, nos damos el privilegio de que el fuego purifique nuestras almas atormentadas.

Dejamos salir la furia y la rabia acumuladas durante el año, que hemos ido proyectando en la forma artística que posteriormente miran maravillados numerosos turistas. Sin comprender lo que significan. Sólo porque son bonitas. Intentamos facilitarles la comprensión, hacerles entender lo que significan. Pero ante unos ojos que no quieren ver, poco podemos hacer.

Le damos forma física a nuestros odios, a nuestros temores, a nuestros sentimientos… y los reducimos a cenizas.

También los hay que se limitan a plasmar belleza, sí. Esa gente que se empeña en aislar los problemas y mirar a otro lado, distrayéndose tratando de ignorar que dichos problemas son tan suyos como de todos los demás.

Pero es igual.
Una noche, tan sólo una noche, año tras año… todo arde.

Arden los vivos, arden los muertos.
Arden los santos, arden los impuros.
Arden sin importar su sexo, su condición, sus méritos, su credo.
No importa lo que seas. Arderás igual.

El carbono que nos hace a todos iguales, qué bien arde.

Y sonrío mientras veo cómo nuestros engendros se consumen. Sonrío, feliz de liberarme, hasta que recuerdo. Campeona olímpica apretando los dientes.

Recuerdo que esto no es más que una farsa, y mi sonrisa es sustituida por una creciente ira. Todo esto no es más que una forma de calmar nuestra rabia para que no nos lleve consigo. El mundo seguirá aquí al despuntar el alba… y seguirá siendo el mismo. Nada habrá cambiado. Seguiremos estando al pie del cañón, luchando contra los tanques con poco más que unos palos y coraje.

Eso sí, quemar cosas nunca viene mal. Nos recuerda un poco lo que hay en nuestro interior. Algo que no debemos olvidar.

La sangre de Kagutsuchi corre por mis venas, y pugna por manifestarse.
Acaricio las ígneas alas deseosas de echar a volar.
“Algún día, pequeño. Algún día”.

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