Escrito en las horas de oscuridad en las que acabó el día 26 y comenzó el 27. No se detuvo el tiempo, ni hubo un eclipse parcial de luna. Cullera ardía y los católicos se dirigían al Vaticano. El mundo seguía siendo un lugar estúpido y cruel.
Pero una mente triste vagaba en sus pensamientos.
Pensamientos difusos con forma pseudoliteraria. Fragmentos de Watchmen reenviados que me hacen rememorar otros...
"Es todo una broma joder. Todo es una puta broma…"
Y me cae una lágrima del ojo izquierdo, solo una, mientras lo escribo. No todos los días son buenos, por mucho que nos lo deseen al despertar.
¿Fruto del agotamiento? Puede ser. O quizá se deba a que en este estado de semiinconsciencia los monstruos escapan de las ataduras de la mente. Mi maldita mente, esa que se dedica siempre a interponerse, a empeorarlo todo. Más vale que ría, porque si es cosa de mi mente, la risa será lo único que me quede.
O quizá solo es que de tanto iluminar vidas ajenas a veces me quedo completamente a oscuras y mis ojos tardan un poco en adaptarse a la negrura. Siempre estoy sacando a los demás de la corriente y a veces soy yo la que desfallece y se medio ahoga.
Tal y como me recuerda en la oscuridad de mi habitación el sonido de las palabras del Comediante, todo es una broma del humor más negro, de ese que se ríe con regusto a bilis.
Y aquí sigo… cansada de levantarme para caer de nuevo. No es que me importe demasiado caer. Pero el resultado de todo, al final, acaba siendo el mismo: una mente triste, un suspiro de resignación y el recorrido húmedo de una única lágrima por la mejilla, con otras lágrimas brillantes que no tienen claro si seguirla o no.
No necesito consuelo, ni apoyo, ni comprensión. Solo necesito saber dónde están esas cosas de mí cuando las pierdo. El entusiasmo, la alegría, mi sonrisa. Supongo que terminaré por encontrarlas; entonces seré imparable. Pero a veces no puedes evitar asustarte ante la posibilidad de que una de las caídas sea de la que no te levantes.
Volveré a lo positivo, a lo que me llena y me gusta. O al menos lo intentaré. Pero ahora, en estos momentos, parece que las lágrimas han decidido que estaban mejor mojándome las mejillas que dentro. Estoy muy serena… pero han salido.
Es lo que tiene plasmar pensamientos difusos de forma concreta.
Nadie me verá esta noche. Ni siquiera tú. Lo sé. Tranquilo, mi cara se secará pronto. No estoy con ansiedad… sólo sin ánimos y con los ojos brillantes. No debes preocuparte por mí, porque yo me impulso en el fondo del pozo, puedo sola. Otros muchos necesitan más nuestra preocupación y atención que yo.
Voy a ver si Morfeo tiene a bien aceptarme en su reino esta noche. Tenemos una cita, como cada noche, pero estoy siendo muy grosera al llegar tarde. Nunca recuerdo lo que allí sucede, pero seguro que mejor que esto será. Mañana más, cerremos los ojos y abracemos la inconsciencia.

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