Él. Ella.
Dos historias
diferentes que se funden en una sola.
Dame una razón para
seguir fingiendo.
Eso pienso mientras me lanzo de cabeza al este lago que no es de agua.
Prefiero flotar a
caminar como un muerto.
Corro, sin rumbo fijo.
Ya no sé tras de quien voy, ni tampoco lo que soy.
Sólo me pregunto por
qué, aun a sabiendas de que no obtendré respuesta alguna.
Nadie te ha preguntado qué haces aquí, cómo has llegado, a dónde
quieres ir… Y ahora que te das cuenta, no hay vuelta atrás, los momentos
perdidos no van a regresar.
No quiero olvidarlos, por eso me sumerjo en ellos.
Guardo todos tus
recuerdos embalsamados en formol.
Pero en el fondo sé que esta no es la solución.
Detenerse ante un
insalvable obstáculo, cómo lo detesto.
Si el laberinto se nos cierra, si ya no hay salida, pegar patadas en
las puertas puede ser la solución.
Y así, prosigo, porque
quedarme aquí no es una opción.
Abro puertas que alguien me cerró y no busco más sentido a mi dolor.
Salgo del lago, sé que debo huir de él. Lástima que mi
amígdala me inste a regresar.
Huyo, a veces pienso
en otra cosa, mi cerebro reacciona, no me deja en paz.
Escupo el formol tragado. Amargor que escuece, pero menos
que ella.
Amargura y saciedad,
pero dulce esperanza.
Un momento… ¿qué estoy
haciendo?
Si sientes frío y dolor, no intentes huir.
"Querida, recobra el
juicio aunque no hagas lo mismo con la alegría."
Eliminar fronteras de tu mente.
La suave brisa se
torna huracanado viento. Vemos pájaros volar, allá en el cielo.
¿De dónde sacarán sus fuerzas? ¿Qué les empuja un día más?
La furia del viento
aclara las ideas.
No dejes que pueda
llevarte el viento en la tormenta.
Los vientos del norte traerán un nuevo día.
No apagará nuestra llama ese viento
aunque nos falte el aliento y no se cierre la herida.
Los pétalos de las rosas, las capas de mi miocardio.
Se marchita el
corazón. Se perdió toda la chispa.
Pero la vida resurgirá de las cenizas.
Recupero el valor.
Sin miedo de mis
recuerdos me libré.
"Pequeña, ¿a qué se debe
la taquicardia, el temor?"
Corazón entre dos piedras ansiosas de machacarle.
"Te sientes atrapada,
acechada por quien tanto daño te ha hecho: el tiempo."
Sólo a los cobardes los persiguen las agujas del reloj.
Así es, por
eso intenté ser el perseguidor y no la presa.
"Pero el tiempo se te escapa entre los dedos… Y vuelves a tener miedo."
No se ha escapado el tiempo, es que no se ha detenido.
Caminará el reloj, pero no tanto el corazón.
¿Crees en el destino?
¿Acaso te crees dueño de tus actos? El bien, el mal, qué dilema,…
Maldita sea, demonio de mi
cabeza. Calla ya. Sé que eres lo que en mí queda de ella.
Se acabó. Cortando tu inerte cabeza irás por fin a los dominios del olvido,
donde debiste ir hace tiempo.
Es preciso el instante que acaba con todo.
Nuestra
vida cambia. La cambiamos nosotros.
Las cosas no cambian desde tu sillón.
Monstruos que
nosotros creamos, nosotros os destruimos.
Grita lo que quieras,
pero muere.
Podrías echarte a un lado, dejarnos paso, dejar vivir.
No tengo nada que temer
de ti ya. Eres mío, te someterás a mi voluntad.
Tendrás que someterme a ti antes de que yo te someta a mí.
Y ambos sabemos que no
lo lograrás.
Jaque mate, Timelord.
Sonrío, por fin. Es
tiempo de hacer todo aquello que siempre quise hacer.
Quito el odio a guitarrazos, cambio guerras por abrazos.
Temí
al tiempo, por todo el daño que me hizo. Pero ese tiempo acabó.
Nunca
más caeré en ese error.
Ella no fue mi mayor error. Fue
intentar conservar aquello que se acabó.
Sólo después del doble error de ayer hoy se aprende.

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