31 de diciembre, eso dice la última página del maldito calendario.
Ella respira hondo,
esbozando una pequeña y cruel sonrisa.
Estira los brazos y hace crujir sus
falanges una a una.
Qué dulce sonido, el chasquido de huesos.
Una emoción de un signo suele llevar a otra más intensa del
mismo…
Y hoy su cuerpo es un perfecto caldo de cultivo.
Saquemos escopetas, que hoy podemos aprovechar y hacer
limpieza de gilipollas.
Esta noche serán un blanco aún más fácil,
si es que eso es
posible...
…y yo tengo una necesidad de muerte y gritos por satisfacer.
El alcohol en sus gargantas y sus mentes, mi caldo de
cultivo.
Desgarraros el vientre, ácido en las heridas.
Sentid en
vuestro último instante mis tacones sobre vuestros cuerpos en macabro baile.
Uñas que se clavan en vuestras gargantas hasta haceros
sangre.
Tranquilos, seguiréis yendo elegantes mientras entráis en el mañana, en el nuevo año.
Ningún asesino sería tan desconsiderado como para no procuraros adecuada indumentaria.
Vuestra
propia lengua alcoholizada será la más selecta corbata.
Espero que valoréis el sacrificio que hago para poneros
guapos.
Y es que me produce repulsión
tocaros ese órgano,
que a saber dónde habéis
metido
esta noche de fin de año.
Los fluidos de vuestras fauces, la hiel en las mías.
Etanol y otros tóxicos sanguíneos.
Todo ello se torna hoy un perfecto caldo de cultivo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario