miércoles, 22 de enero de 2014

Epidemia.

<< Día 22 desde el primer contagio. La epidemia aún no ha sido erradicada.
No sé siquiera si puedo guardar una mínima esperanza. >>

Percibo mi vulnerabilidad en cada poro de mi piel.
Intento mantener la calma,
no ceder a la demanda de huida desesperada de mi amígdala.
Lo realmente irritante es que acabaré siendo infectada,
tarde o temprano.
Está en cada gota de agua,
en cada humo,
en cada rayo que nos alcanza.
¿Cómo no contagiarse?

Vosotros, malditos parásitos.
En el aire os respiro como partículas fotoquímicas.
Sois el smog que los bronquios paraliza.
Aunque en el fondo sé que vosotros nunca lo visteis venir,
jamás os parasteis a pensar
en lo que esos actos podrían producir.
Ahora todos pagamos vuestra negligencia.
Qué hermoso.
Tanto como los cardenales que dejaría en vuestra cara mi mano.
Os tendrían que clasificar como material de biorriesgo… ha quedado claro
que no sois asimilables a urbanos.

Contaminación ambiental en proporciones exacerbadas.
Nitritos,
arsénico,
cianuros.
Cromo,
plomo,
mercurio.
Contaminantes químicos de festival intrínseco.
Son duros de soportar, sí.
Aunque no son nada en comparación con los antropogénicos.

Ojalá la sordera me acompañase, así vuestro ruido no me perturbaría.
Estrés, insomnio, disminución de la agudeza auditiva.
Decibelios de basura y crueldad… qué necesidad.

Y a pesar de todo sobrevivo…
No sé por cuanto tiempo, pero lo hago.
No hay veneno, sino dosis.

Parásitos acechando en callejones y esquinas.
No hay salida sin una quimioprofilaxis efectiva.

Nadar contracorriente: buscar una vacuna mientras los vectores crecen.
La dosis infectiva es mínima.
La virulencia, máxima…
Aunque los infectados técnicamente no mueren, no.
Quedan muertos en vida.

¿Por qué ha pasado todo esto?
Supongo que ha sido el desbordamiento
de este vaso llenado poco a poco.

Cual infección crónica,
ha alterado los mecanismos del ciclo celular,
descontrolando la proliferación.
Ha sido nuestro cáncer.
O quizá sólo ha sido el agregante de
todas las sustancias de desecho
que ya habitaban en nuestro torrente circulatorio.

Acabé con saturnismo tras recibir tanta bala de plomo en el pecho.
Escupisteis al hollín que provocó esta oncogénesis.

¿Y si ya lo estoy incubando?
Oh, entonces… bienvenida.
Bienvenida a la familia.
Sabemos que no quieres quedarte, pero no quedan más salidas.
Bienvenida al principio de tu fin.

<< Día 23 desde el primer contagio. Algo ha cambiado. 
Mirando al espejo ya no me veo a mí misma…
Supongo que este es el punto de ruptura. >>






No hay comentarios:

Publicar un comentario