<< Día 22 desde el primer contagio. La epidemia aún no ha sido erradicada.
No sé siquiera si puedo guardar una mínima esperanza. >>
Percibo mi vulnerabilidad en cada
poro de mi piel.
Intento mantener la calma,
no ceder a la demanda de huida
desesperada de mi amígdala.
Lo realmente irritante es que
acabaré siendo infectada,
tarde o temprano.
Está en cada gota de agua,
en cada humo,
en cada rayo que nos alcanza.
¿Cómo no contagiarse?
Vosotros, malditos parásitos.
En el aire os respiro como
partículas fotoquímicas.
Sois el smog que los bronquios
paraliza.
Aunque en el fondo sé que
vosotros nunca lo visteis venir,
jamás os parasteis a pensar
en lo que esos actos podrían
producir.
Ahora todos pagamos vuestra
negligencia.
Qué hermoso.
Tanto como los cardenales que
dejaría en vuestra cara mi mano.
Os tendrían que clasificar como
material de biorriesgo… ha quedado claro
que no sois asimilables a
urbanos.
Contaminación ambiental en
proporciones exacerbadas.
Nitritos,
arsénico,
cianuros.
Cromo,
plomo,
mercurio.
Contaminantes químicos de
festival intrínseco.
Son duros de soportar, sí.
Aunque no son nada en comparación
con los antropogénicos.
Ojalá la sordera me acompañase,
así vuestro ruido no me perturbaría.
Estrés, insomnio, disminución de
la agudeza auditiva.
Decibelios de basura y crueldad… qué
necesidad.
Y a pesar de todo sobrevivo…
No sé por cuanto tiempo, pero lo
hago.
No hay veneno, sino dosis.
Parásitos acechando en callejones
y esquinas.
No hay salida sin una
quimioprofilaxis efectiva.
Nadar contracorriente: buscar una
vacuna mientras los vectores crecen.
La dosis infectiva es mínima.
La virulencia, máxima…
Aunque los infectados
técnicamente no mueren, no.
Quedan muertos en vida.
¿Por qué ha pasado todo esto?
Supongo que ha sido el
desbordamiento
de este vaso llenado poco a poco.
Cual infección crónica,
ha alterado los mecanismos del
ciclo celular,
descontrolando la proliferación.
Ha sido nuestro cáncer.
O quizá sólo ha sido el agregante
de
todas las sustancias de desecho
que ya habitaban en nuestro
torrente circulatorio.
Acabé con saturnismo tras recibir
tanta bala de plomo en el pecho.
Escupisteis al hollín que provocó
esta oncogénesis.
¿Y si ya lo estoy incubando?
Oh, entonces… bienvenida.
Bienvenida a la familia.
Sabemos que no quieres quedarte,
pero no quedan más salidas.
Bienvenida al principio de tu
fin.
<< Día 23 desde el primer contagio. Algo ha cambiado.
Mirando al espejo ya no me veo a mí misma…
Supongo que este es el punto de ruptura. >>

No hay comentarios:
Publicar un comentario