jueves, 6 de febrero de 2014

Reflejo.

Mírame, vamos, mírame,
no tengas miedo a lo que en mis ojos puedas ver.
¿Qué hay que temer?
¿Tu reflejo en mi brillante pupila, tal vez?

Hueles a miedo, querida.
Tranquila.
Por suerte, no quiero nada de ti.
Nada de ti necesito, al fin y al cabo.

Adelante, abre los ojos.
No tengo intención de atravesártelos con punzantes y oxidados hierros…
Sólo lo haré con algo más dolorosamente afilado.

Mira tu reflejo.

Abre los ojos a la verdad. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario