Muerde cada centímetro de mi piel.
Aprieta el cinturón en torno a mi cuello, reduciendo el
riego cerebral.
Hazme enloquecer.
Festival de manos,
dientes,
labios,
todos unidos en armonioso
y frenético baile.
Te clavo las uñas en la espalda,
sintiendo como desgarran
levemente tu epidermis,
dejando marcas de mi paso por tu alcoba.
Follarse las mentes, sí… pero también los cuerpos.
Sométeme a tu voluntad, me gustará.
Este es el juego en el que sumisión y dominación
son
excitantes por igual.
Fúndete conmigo.
Ritmo en crescendo.
Sin pausas.
No pares.
Tus gemidos son la única música que quiero escuchar ahora
mismo.
Respiraciones entrecortadas.
Aliento caliente en tus oídos mientras lamo el lóbulo de tu
oreja.
Susurros sucios.
Calor en la entrepierna.
Gemidos inconfesables,
placer prohibido,
tabúes de una sociedad
absurdamente represiva.
La mañana llegará pronto…
Sé mi insomnio.
Ver tus ojos ponerse en blanco y saber que la cosa marcha
bien.
Tengo una necesidad que satisfacer… Así que prosigamos.
Sé que te encanta esto.
Te encanta ser ahora el sometido,
tenerme sobre ti,
ver mi cuerpo bajar y subir.
Morderme el labio inferior de placer… No sé si me gusta más
a mí o a ti.
Entrar y salir de tu cuerpo entre espasmos de éxtasis, mi
deporte favorito.
Recorrer tu torso con mi lengua,
morderte el cuello buscando
que tu sangre se acerque a mí.
Su calidez calienta mi cuerpo. Y sé que el tuyo también.
Roce de los cuerpos que provoca escalofríos en mi espalda.
Tragarme en un beso tus jadeos.
¿Estudiar? Ya lo hago.
Estudio anatomía y te uso de modelo.
Gime.
Gime para mí.
Arriba,
abajo,
por detrás,
por delante.
Hasta la extenuación.
Lamer tu sudor, tu cuerpo, tu miembro.
Fluidos amargos y excitantes a
partes iguales.
Placer a raudales.
Nunca tendré bastante.
Vida en estado de lujuria, la mejor vida.

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