viernes, 27 de diciembre de 2013

Noches de diciembre.


Lluvia que cae sobre tu piel.
Escalofrío por tu cuello que baja veloz por tu columna.
Una gota en tus labios...
¿Lo percibes? Soy yo.

Soy lluvia que cae,
lenta pero incansable,
mojando cuerpos,
encharcando corazones.

Una molestia. Un incordio. Algo triste. Un estorbo.

O quizá un consuelo.
Una máscara para las lágrimas.
Catarsis.
Liberación.

Pero dará lo mismo, como siempre ha sucedido.
Como lluvia, sólo caigo...
¿El resto?
En vuestras manos.

···

El frío y enfurecido viento
se llevó a las nubes lejos,
muy lejos...
Sorprendiéndonos con la belleza de un estrellado firmamento.

Una bella,
tan bella como fría,
noche de diciembre.

Y te veo en cada estrella,
lejos pero cerca.

Y, si es necesario,
atraparé la estrella en la que te escondes con un lazo.

Pero por ahora
me limito a mirar arriba,
a perderme en esta inmensidad,
esperando.

Esperando que el brillo de tu estrella en mis ojos se refleje.


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